Spotify es un servicio de streaming que ha revolucionado la manera en que escuchamos música. Tanto es así que ha desplazado al CD y ha puesto al alcance de sus usuarios millones de canciones en un solo lugar. Pero antes de Spotify estuvo Napster, el primer contacto real con la música digital y una amenaza enorme que puso patas arriba un modelo que llevaba décadas funcionando.
Cuando hablamos de música, automáticamente vienen a la cabeza palabras como derechos de autor y piratería, pero Napster simplificó la descarga de canciones. Vamos a repasar por qué este programa fue tan importante a comienzos de la década de 2000.
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Cuando la música se compraba en tiendas
A finales de los años 90 era totalmente normal comprar un CD completo aunque solo nos interesaran dos canciones. También podíamos grabar cintas, pedir discos prestados o esperar a que sonara un tema en la radio para, con suerte, poder grabarlo.
Los CDs eran el gran negocio de las discográficas. La música era algo que había que ir a buscar y pagar. Internet todavía no había cambiado esa lógica para la mayoría de personas. Pero los MP3 empezaron a alterar el panorama. Eran archivos pequeños, podían comprimirse y circular por la red sin necesidad de enviar un disco físico. El problema era encontrarlos. Ahí es donde apareció Napster.
Napster, una idea que lo cambió todo
Napster fue lanzado en 1999 por Shawn Fanning, con Sean Parker como una de las figuras clave de su desarrollo inicial. Su propuesta era sencilla: conectar a usuarios para compartir archivos MP3 que tenían guardados en sus ordenadores.
No era una tienda, no tenía un catálogo tradicional ni cobraba por canción. Era un programa P2P, o peer-to-peer, que permitía buscar música en otros ordenadores y descargarla directamente. Encontrar una canción rara, una discografía completa o un álbum que no estaba en la tienda de tu ciudad dejó de parecer imposible.
Su sencillez residía en que tan solo con abrir el programa y teclear el nombre de un artista aparecían decenas de resultados y ya se podía empezar a descargar. En una época de conexiones lentas y ordenadores básicos, aquello fue un avance descomunal.
Napster creció a una velocidad brutal. Entre finales de 2000 y comienzos de 2001, alrededor de 80 millones de usuarios de todo el mundo llegaron a intercambiar archivos MP3 a través de la plataforma.
La guerra no tardó en comenzar
El éxito de Napster no tardó en llamar la atención de las discográficas. La música circulaba sin licencias ni compensación para artistas y sin control por parte de quienes poseían los derechos. Uno de los casos más famosos fue el de Metallica. La banda demandó a Napster después de que una versión de una canción todavía no publicada acabara filtrada en la plataforma.
En febrero de 2001, un tribunal falló a favor de la asociación de la industria discográfica estadounidense. Poco después, Napster tuvo que bloquear el intercambio de material protegido por derechos de autor, una obligación que acabó destruyendo el alma de la plataforma.
La primera versión de Napster terminó cerrando, pero el fenómeno no desapareció; al contrario. Surgieron otros programas y redes P2P como Kazaa, eMule, Ares o BitTorrent.
Sin Napster no se entiende Spotify
La idea de Napster era buena, pero había que hacerla totalmente legal para que perdurase en el tiempo. Primero llegaron servicios de compra digital como iTunes, que permitían adquirir canciones individuales de forma legal y después llegó el streaming.
Spotify tomó la simplicidad de Napster para buscar y escuchar canciones, e incluso descargarlas para poder escucharlas offline. Pero por el camino negoció licencias, introdujo publicidad y después suscripciones mensuales.
Hoy la música no se guarda en estanterías ni llenamos el ordenador de MP3. Abrimos una aplicación, escribimos un nombre y escuchamos lo que queremos. Esa comodidad empezó a tomar forma cuando Napster puso a la industria musical patas arriba.
En MASMOVIL nos gusta recordarte los momentos más importantes de internet que nos han llevado hasta hoy. La música y la manera de consumirla han cambiado mucho, hasta el punto de que plataformas como Spotify son fundamentales en el día a día de millones de personas.